miércoles, 20 de mayo de 2009

Principio de dolores...



Hace más de 2.000 años, en un monte de las afueras de la antigua ciudad de Jerusalén, tiene lugar una plática considerada por muchos como la más profunda y detallada de su género. Allí, un pequeño grupo de buscadores de la verdad se reúne en torno a su Maestro, un carpintero convertido en predicador y conocido sencillamente como Jesús de Nazaret. La pregunta que le formulan motiva una respuesta que abarca dos milenios y se centra en la época en que hoy vivimos: Aunque muchas de estas señales han plagado a la humanidad a través de los siglos, es evidente que la severidad y frecuencia de éstas se ha incrementado en tiempos recientes.
Y estando Él sentado en el monte de los olivos se le acercaron los discípulos aparte diciendo: Dinos cuando serán estas cosas y que señales habrá de tu venida y del fin del tiempo …
Respondiendo Jesús, les dijo: Mateo 24:4-7 Mirad que nadie os engañe. Porque vendrán muchos en mi nombre diciendo: Yo soy el Cristo; y a muchos engañarán.
Oiréis de guerras y rumores de guerras : Aunque la humanidad siempre ha sido víctima del flagelo de la guerra, ningún otro período de la Historia ha conocido una escalada bélica como la acaecida durante el siglo XX. La Cruz Roja Internacional estima que más de 100 millones de personas han perecido desde el comienzo de ese siglo a causa de las guerras. Comenzamos el siglo XXI con la guerra a “El potencial destructivo del Terrorismo”, “armas modernas” y la posible fabricación de armas biológicas, continuando con la Guerra en Irak y escala masiva de los conflictos que conducen a una etapa peligrosa, única, y sin precedentes en la historia. alrededor del mundo.
Se levantará nación contra nación, y reino contra reino … El mundo esperaba que la caída del muro de Berlín en noviembre de 1989 marcara no sólo el fin de la Guerra Fría entre las superpotencias, sino también el inicio de una era de paz mundial. Desgraciadamente eso no ha sucedido. La palabra empleada en el texto original griego y que se tradujo como nación al castellano es etnos, cuya traducción más precisa sería raza o tribu. Dicho de otro modo, Jesús vaticinó que los grupos étnicos se levantarían unos contra otros. En años recientes este augurio se ha cumplido con trágicas consecuencias. El historiador Arthur Schlesinger, quien se hizo acreedor al premio Pulitzer, advierte: «Si el siglo XX ha sido el de las guerras ideológicas, el XXI será el de las luchas étnicas»
Y habrá hambres... ¿Se agrava el hambre en nuestra época? El Banco Mundial señaló en septiembre de 1996 que más de 800 millones de personas sufren días de inanición y que un número de niños superior a los 500 millones reciben insuficiente alimentación para sobrevivir, muriendo de hambre en pleno desarrollo físico e intelectual. Según Ismail Serageldin, vicepresidente del Banco Mundial, «cada día se producen unas 40.000 muertes relacionadas con el hambre, sobre todo en zonas rurales». La Organización Mundial de Salud estima que una tercera parte del mundo está bien alimentada, otra tercera parte está mal alimentada y la tercera parte restante se está muriendo de hambre.
Y habrá pestes... Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), más de 6.000 personas contraen cada día el virus VIH en el mundo, y la pandemia va en aumento. En los últimos años los médicos advierten sobre el resurgimiento de cepas bacterianas que podrían resultar más mortales que el sida. Dolencias que se consideraban vencidas, como la tuberculosis, la pulmonía, la meningitis y las estafilococias, están volviéndose incontenibles. Bacterias comunes que producen desde infecciones auditivas en niños de dos años hasta neumonía podrían transformarse en supermicrobios resistentes a la vancomicina y otros medicamentos..
Y habrá terremotos en diferentes lugares ...El dramático incremento de terremotos severos ha llevado a muchos científicos a concluir que estamos entrando en un nuevo período de gran actividad y disturbios sísmicos. El profeta Isaías predijo igualmente monstruosos terremotos para los últimos tiempos: «Temblarán los cimientos de la Tierra. En gran manera será la Tierra conmovida. Temblará la Tierra como un ebrio, y será removida como una choza [...] el día de la gran matanza, cuando caerán las torres.» Isaías 24:18-20; 30:25. Pakistán, 8 de Octubre, 2005 El terremoto en el Norte de Pakistán fue el más severo en los últimos 120 años, matando a más de 70.000 personas.
Entonces habrá señales en los cielos, en el sol, en la luna y estrellas … y en la tierra angustia de las gentes, confundidas a causa del bramido del mar y de las olas. Lucas 21:25.
Época de Huracanes 2005, tsunami del 2004, el peor y más devastador. Una temporada de huracanes catastróficos en la memoria para el libro de records mundiales. La más intensa en la historia de la EEUU. Mas 300.000 muertos. La tormentas de 2005 costaron a los EEUU un estimado de $150 billones en daños. Huracán Katrina: Ha sido el peor y más caro de todos los desastres naturales en los EEUU. Huracán Rita: Afectó aún más a Louisiana. Huracán Wilma: El más intenso que ha habido en el Atlántico. Nunca han habido tantos huracanes en una estación, en un período de 15 meses 8 de ellos tocaron la Florida.
Jesucristo dijo: “Y todo esto será principio de dolores… Mirad que no os turbéis por que es necesario que todo esto acontezca; pero aun no es el fin.” “Velad pues, porque no sabéis a que hora ha de venir vuestro Señor...Por tanto, estad preparados; porque el hijo del hombre vendrá a la hora que no pensáis” (Mateo:24 ).

domingo, 12 de abril de 2009

La Fe en Cristo Resucitado

La ejecución en una cruz puso en entredicho todas las pretensiones de Jesús. La cruz parecía dejar las cosas claras: Jesús había sido un hombre bueno y justo quizás, pero un hombre iluso totalmente equivocado. Si de verdad Jesús tenía razón al anunciar un mensaje de salvación a los hombres, al garantizar el perdón a los pecadores y al invocar a Dios como Padre, solo Dios lo podía decir. Si en Jesús se encerraba algo único, solo Dios lo podía confirmar. Y lo ha hecho resucitando a Jesús de la muerte.
La resurrección de Jesús es la mejor noticia que podíamos recibir los hombres. Es la resurrección de Jesús la que sostiene y da sentido a nuestra fe. “Si Cristo no resucitó, vana es nuestra predicación, vana también vuestra fe_ Si solamente para esta vida tenemos puesta nuestra esperanza en Cristo, somos los más desgraciados de todos los hombres. Pero no, ¡Cristo resucitó de entre los muertos!” (1 Co 15, 14-20).
La resurrección de Jesús ha sido el acontecimiento decisivo para la fe cristiana. A partir de la resurrección, los cristianos creemos en Dios con una luz nueva, vivimos nuestra fe en Jesús con una profundidad nueva, comprendemos nuestra existencia y nos enfrentamos a ella con una esperanza nueva. Vamos a tratar de comprender un poco la novedad que nos aporta la resurrección de Jesucristo.
A partir de la resurrección de Jesús, los creyentes podemos creer en Dios con una luz nueva. Si Dios ha resucitado a Jesús, quiere decir que Dios es fiel a sus promesas. Dios es incapaz de abandonar en la muerte al que le invoca con fe, como Padre. Si Dios ha resucitado a Jesús, quiere decir que Dios no abandonará a los hombres, no defraudará nunca la esperanza que los hombres pongan en El, no permitirá jamás el fracaso final de aquellos que le invoquen como Padre. En Cristo resucitado, Dios se nos descubre como un Padre fiel a sus promesas de salvar al hombre, un Padre dispuesto a salvar al hombre por encima de la muerte.
En Cristo resucitado descubrimos que Dios es capaz de resucitar lo muerto. Dios no es solamente el Creador. Dios es un Padre, lleno de amor y de vida, capaz de superar el poder destructor de la muerte y dar vida a lo que ha quedado muerto (Ef 1, 18-20).
Se entiende la fe de los primeros creyentes que mantienen su esperanza en medio de esta vida en que todo camina, de alguna manera, hacia la muerte. “No pongamos nuestra confianza en nosotros mismos sino en Dios que resucita a los muertos” (2 Co 1, 9).
Si Dios ha resucitado a Jesús, quiere decir que Dios no es un Dios de muertos sino de vivos. Dios no quiere la muerte sino la vida de los hombres. Al resucitar a Jesús, Dios se nos descubre como Alguien que no permitirá que una vida humana vivida en el amor termine en el fracaso de la muerte. Dios es el futuro que le espera al hombre que sabe amar.
Los primeros cristianos han vivido convencidos de que Dios no permitirá jamás que un hombre que ha vivido como Jesús, desde el amor y para el amor, entregado al Padre y a los hermanos, termine su vida en la muerte. Así escribe uno de ellos: “Nosotros sabemos que hemos pasado de la muerte a la vida porque amamos a nuestros hermanos” (1 Jn 3,14)
Al resucitar a Jesús, Dios se nos descubre como Alguien que no está de acuerdo con nuestra existencia actual, llena de sufrimientos y dolor, y destinada fatalmente a una muerte que rompe todos nuestros logros y proyectos.
Todavía más. En Cristo resucitado. Dios se nos descubre como Alguien que no está conforme con un mundo injusto en el que los hombres somos capaces de crucificar al mejor hombre que ha pisado nuestra tierra. Al resucitar a Jesús, Dios nos descubre su reacción y su protesta final ante un mundo de injusticia y de violación de la dignidad humana. Así predicarán los primeros creyentes: “Vosotros lo matásteis, pero Dios lo resucitó” (Hch 2, 23-24).
En la resurrección descubrimos los cristianos que Jesús es nuestro único Salvador. El único que nos puede llevar a la liberación y a la vida. “No hay bajo el cielo otro nombre dado a los hombres por el que nosotros debamos salvarnos” (Hch 4, 12).
El mensaje de Jesús tiene un valor muy distinto al que puedan tener los mensajes de otros profetas. La actuación salvadora de Jesús tiene un valor muy distinto al que pueden tener las de otros liberadores. Dios no ha resucitado a cualquier profeta o a cualquier liberador. Dios ha resucitado a Jesús de Nazaret.
En la resurrección de Cristo hemos descubierto que nuestra vida tiene salida. Hay un mensaje, hay un estilo de vivir, hay una manera de morir, hay Alguien que nos puede llevar hasta la vida eterna: Jesucristo. “A éste le ha exaltado Dios con su derecha como jefe y Salvador” (Hch 5, 31).
La resurrección nos ha descubierto que la muerte de Jesús no ha sido una muerte cualquiera. Su muerte ha sido el paso a la vida de Dios. La resurrección nos ha descubierto que Jesús no era un hombre cualquiera. Dios, realmente es su Padre. Un Padre del que Jesús recibe toda su vida. Por eso, Jesús no ha quedado abandonado en la muerte.
A partir de la resurrección, los cristianos creemos en Jesús, el Hijo de Dios vivo, lleno de fuerza y creatividad, que vive ahora junto al Padre, intercediendo por los hombres e impulsando la vida hacia su último destino (Hb 7, 25; Rm 8, 34).
Si Jesús ha resucitado no es para vivir lejos de los hombres. El Resucitado está presente en medio de los suyos. “Sabed que yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo” (Mt 28, 20).
Los cristianos creemos que Cristo vive en medio de nosotros. No estamos huérfanos. Cuando nos reunimos dos o tres en su nombre, allí está El (Mt 18, 20). La Iglesia no es una organización solitaria, una comunidad que camina sola por la historia. Es el “cuerpo de Cristo” resucitado. Es Cristo resucitado el que anima, vivifica y llena con su espíritu y su fuerza a la comunidad creyente (Ef 4, 10-12).

domingo, 22 de febrero de 2009

¿Crisis?...¿dónde, cuándo, cómo?


Albert Einstein decía: “sólo la imaginación es más importante que el conocimiento en los momentos de crisis”. Busqué en mi diccionario Anaya la palabra “imaginar” y decía: “representar mentalmente una cosa y creerla en la imaginación.”
Que definición más cercana a la fe, ya que ésta “es la certeza de lo que se espera y la convicción de lo que no se ve” ó además, “creer en las cosas que no son, como si fuesen”.
Para nadie es un secreto que la palabra más escuchada en este tiempo es “crisis”. Constantemente los medios nos bombardean con la crisis financiera, alimenticia, inmobiliaria, ambiental y los comentarios pesimistas de los “expertos” en economía.
Unos opinan: “La economía va a empeorar. Los consumidores más cautos restringieron sus gastos. Los bancos y otras instituciones financieras sufrirán más pérdidas. Pero todos ellos son síntomas reales de la recesión, lo que atemoriza no es un hecho en particular, sino la perspectiva de que las cosas se están descontrolando. El pánico es el enemigo. Antes, las crisis se originaban por escasez y desastres naturales. Hoy son producto de la abundancia.El sistema capitalista ha producido enormes avances en el desarrollo. En un par de siglos crece la riqueza material a una velocidad inconcebible antes en la historia de la humanidad. Sin embargo, la consecuencia no ha sido una regulación planificada racional, dirigida y administrada por la sociedad. El sistema capitalista se organiza en función de la ganancia. Las relaciones entre los hombres se producen a través de ese ente avasallador y dominante que es el mercado, inconmovible ante las preocupaciones y las angustias de los seres humanos”. "Esta crisis dejará numerosas víctimas. El sistema de evaluación de riesgos actualmente en vigor será particularmente afectado", etc.,etc.,etc.
El asunto es que la crisis no termina allí, sino que trasciende y afecta en los hogares y entonces tenemos crisis en las familias, divorcios, familias disfuncionales, rebelión de los hijos, infidelidades, adicciones, “0” confianza en el futuro (delincuencia) y otros problemas.
Paseando por la historia me encuentro que ha habido muchas épocas de crisis y leyendo la Biblia, también. Abraham vivió tiempos de crisis, igual José en Egipto con el sueño del faraón de siete vacas gordas y siete vacas flacas. Elías también vivió tiempos de hambre y sequía. Eliseo y muchos reyes más, pero ninguno de ellos tuvieron temor. Ellos confiaron en Dios.
Las crisis producen temor, miedo, ansiedad y desesperación, pero con el amor de Dios, “no hay temor, porque el perfecto amor, echa fuera el temor”.
Es probable que tú estés atravesando una crisis hoy, estés lleno de susto pensando como salir del problema o pensando tal vez ¿cómo me metí en este asunto y me endeudé demasiado? De seguro sientes que tus acreedores han ordenado tu muerte y quisieras retroceder tu vida para no pasar por lo que estás pasando. No debemos escuchar voces de miedo, sino llenarnos de fe y confiar en Dios.
¿Sabes lo que el miedo y la fe tienen en común? Un futuro que no ha llegado. El miedo cree en un futuro negativo. La fe cree en un futuro positivo. Ambos creen en algo que todavía no ha sucedido. Por tanto te pregunto: ¿por qué no elegir a creer en un futuro positivo? ¿por qué dejar que el miedo sabotee tu alegría y el éxito?
Creo que durante estos tiempos difíciles tenemos que elegir entre dos caminos. El camino positivo o el camino negativo. Le anticipo que nuestra vida no puede estar en dos caminos al mismo tiempo, así que tenemos que hacer una elección y esta elección determina nuestra convicción sobre el futuro, la actitud y las acciones que llevamos a la actualidad. Mi elección va a determinar mi futuro. La voz que estoy escuchando me puede llevar al fracaso o al éxito.
Entre las cosas que marcaron mi actitud para enfrentar la vida, una de ellas data del 1966. Apenas con 15 años, internado en un liceo de Iquique, mi único permiso de salida era el domingo en la tarde para asistir al cine Coliseo o Nacional eran mis preferidos. Fue entonces cuando exhibieron la película “Grand Prix”.
A pesar de que el protagonista era James Garner, Ives Montand se convirtió en mi héroe. Con su actitud paternal, (era el más viejo de los corredores), siempre había sido el campeón. Fue en un momento de crisis: su vehículo había arrollado a personas del público, el futuro con su amante era incierto, los competidores más jóvenes ansiaban destronarlo de su campeonato, una esposa lo agredió porque arrolló y mató a su esposo en su propia casa, cuando lo entrevistan y preguntan: ¿Cuál es el secreto de ganar siempre las carreras y haberse mantenido tanto tiempo como el campeón? Su respuesta marcó mi actitud diaria para siempre:
“Cuando estamos en plena competencia, cuando el fragor de la carrera está al máximo, cuando los nervios están al límite, entonces siempre ocurre un accidente. Alguien choca, alguien vuelca, alguien muere. Entonces asoman las banderas de precaución y todos disminuyen su velocidad por temor al peligro. La pista puede estar obstruida. Es entonces cuando acelero más, al máximo”. No me pida que recuerde con exactitud las palabras, ni exactamente los hechos. Han pasado ya cuarenta y cuatro años, pero en medio de todas las dificultades de mi vida, en medio de todas las crisis que me ha puesto el destino, es cuando más “acelero”, más le pongo empeño, más trabajo, más me esfuerzo, y salgo adelante.
Debemos tener una actitud optimista, concentrarnos en lo que estamos haciendo, hacerlo cada vez mejor y no escuchar voces alarmistas y pesimistas que piensan que a Dios se le perdió el control del mundo o que cualquiera puede meterle “goles de media cancha”
Para terminar, quiero ilustrarlo con una historia: Un hombre que vivía a la orilla del camino, vendía perros calientes. No había radio, ni televisión, ni periódico, no sabía nada de Internet; pero hacía y vendía muy buenos perros calientes. Sólo se preocupaba por la prosperidad de su negocio y colocaba cartelones de propaganda por varios metros del camino. Ofrecía sus productos en voz alta y el pueblo le compraba. Las ventas fueron aumentando y por eso empezó a comprar el mejor pan y las mejores salchichas. También le fue necesario comprar un carrito más grande para atender a la creciente clientela, porque el negocio prosperaba. Sus perros calientes eran los mejores de toda la región. Venciendo la situación económica pudo pagar una buena educación a su hijo, quien fue creciendo y fue a estudiar “economía” en una universidad del país.
Finalmente, su hijo ya graduado con honores, volvió a casa y notó que el papá continuaba con la misma vida de siempre y tuvo una seria conversación con él: “papá, usted no escucha radio, usted no ve televisión, usted no lee los periódicos, usted ni sabe Internet. Hay una crisis en el mundo y la situación de Chile es crítica. El que no haga algo y sepa ahorrar, va a quebrar”. Después de escuchar asustado las consideraciones de su hijo profesional, el padre pensó:
“Si mi hijo es economista, lee los periódicos, escucha radio, ve televisión, sabe Internet, entonces sólo puede tener razón…”
Con miedo de la crisis, el viejo buscó el pan más barato (el más malo)y comenzó a comprar las salchichas más baratas (las peores) y para economizar, dejó de hacer sus cartelones de propaganda.
Deprimido por la noticia de la crisis, ya no ofrecía sus productos en voz alta. Tomadas todas estas precauciones, las ventas comenzaron a caer y fueron cayendo y cayendo y llegaron a niveles insostenibles, hasta que el negocio de perros calientes del viejo que antes generaba recursos hasta para que el hijo estudiara “economía”, quebró.
Entonces el padre muy triste, se dirigió a su hijo con estas palabras: “Hijo, tenías razón, estamos en medio de una gran crisis, bendita sea la hora en que te envié a estudiar economía. Si no hubiera sido por ti, quien sabe que hubiera pasado”…
Puedes ver que nuestras elecciones determinan nuestro destino, este hombre decidió comportarse con un espíritu recesivo, conformista y perdió. En temporadas de crisis no hay que dejarse vencer por el miedo, sino ser creativos. No llenes tu mente de pensamientos negativos, no te autolimites, no caigas en el pánico, llénate de fe y esperanza.
“Si piensas que tus problemas tienen solución, estás en lo cierto; pero si piensas que no tienen solución, también lo estás”.
Hoy es el mejor día para desarrollar tu imaginación y creatividad ante la crisis. Comienza a ver y escuchar oportunidades. Dios tiene cosas grandes para ti, pero eres tú quien elige seguir en el desierto o entrar en la tierra prometida.


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domingo, 15 de febrero de 2009

Los sordos también oyen.


Los buses rugen en la ciudad, echando su mugre por el aire. Los vendedores llaman a los caminantes, garantizando el mejor precio. Un avión vuela arriba, rayando el cielo con una pincelada de tiza blanca, con silbido remoto pero audible. El pito del carabinero rompe toda distracción, mientras señala que todos paren o caminen, según su discreción. Parlantes de alta potencia sacuden las paredes de un hogar que parece discoteca y la sirena de una ambulancia deja recuerdo audible de que en este mundo algunos disfrutan mientras otros sufren. El bombardeo de sonidos a veces nos cansa y anhelamos una caminata larga en un bosque, una orilla de playa o en un parque. Pero, ¿cuál es la alternativa? Creo que confrontados con la facultad de oír o ser sordo, todos escogeremos el poder oír.
Todos los sentidos que Dios ha creado forman parte de un hermoso conjunto de habilidades para que el hombre exprese lo mejor de su humanidad y su lugar como mayordomo de Dios en este mundo. En cuanto al oído, parece que Dios le había dado a Adán en forma audible sus primeros mandamientos. Y sin duda lo primero que Eva oyó en este mundo fue la exclamación de sorpresa y alegría de su marido, ¡ya no cargado de sueño al verla!
Con el oído Adán oyó la voz de Dios, entregándole su misión emocionante como mayordomo del Creador de este mundo. Con el oído Eva escuchó a Adán relatarle como nombró los animales, y como no había encontrado ninguna pareja entre ellos. Con el oído Eva podía escuchar el susurro de su marido: “te amo”.
Pero fue con el oído que Eva también escuchó palabras engañosas emitidas por la lengua partida de la serpiente. Fue por el oído que Adán escuchó el consejo erróneo de su esposa y comió el fruto prohibido. Y fue con el oído que tanto Adán y Eva oyeron con terror las maldiciones de Dios sobre ellos y su expulsión del huerto del edén para siempre. Desde ese día ha existido un defecto en nuestro órgano de oído…no tanto en el sentido físico, sino en conexión con el corazón. Las palabras de Dios siguen siendo emitidas. Dios no ha dejado este mundo desprovisto de su palabra. Y las palabras de cariño, amor y apoyo siguen siendo habladas entre los hombres. Pero nuestro corazón perverso y engañoso ahora tuerce las palabras de Dios y de hombre, a veces rechazando del todo cada una, a veces haciendo burla de ellas.
En el Antiguo testamento, Dios denuncia la “sordera” de Israel, no que no podían oír sonidos y palabras, sino que no oían ni escuchaban la voz de sus profetas. Ya que no querían escuchar la voz de Dios, Dios les quitaría la facultad de oírle y como castigo promete hablarles en otro idioma que no entenderían. (el idioma del opresor ¡Asiria! Ver Isaías 28:11-13).
Jesús, años mas tarde, repite la misma denuncia contra aquellos que lo tenían al frente, le podían oír todos los días, pero torcían y rechazaban lo que decía. Dijo que sus parábolas servirían tanto para crear fe, como para endurecer: “Para que viendo no vean y oyendo no oigan” (Mateo 13:13)
En este contexto encontramos en dos ocasiones que le traen a Jesús personas que el demonio había hecho sordas. ¡Qué casualidad! Precisamente cuando el hijo de Dios camina la tierra anunciando libertad a los que están bajo el dominio del maligno, Satanás bloquea la facultad de oír. ¿podría lograr sus planes malévolos para estas personas? ¿podría mantenerlas atrapadas el tiempo suficiente para que nunca oyeran el evangelio? Parecía que sí. ¿Quién podía sanar un sordo? Nadie había hecho eso. La causa parecía estar perdida. Los propios discípulos de Jesús, quienes habían expulsado demonios y quienes habían hecho proezas para su maestro, no pudieron con este caso.
Pero, el que creó las facultades del hombre, ¿no podrá liberarlas? El que creó el oído, ¿no podrá abrirlo? Dios había profetizado por medio del profeta: “En aquel tiempo los sordos oirán las palabras del libro y los ojos de los ciegos verán en medio de la oscuridad y de las tinieblas. Entonces los humildes crecerán en alegría en Jehová y aun los más pobres de los hombres se gozarán en el Santo de Israel” (Isaías 29:18-19)
La sanidad de los sordos era mucho más que otro milagro. La sanidad de los sordos señalaba en forma pujante que Jesús había invadido este mundo para hacer oír su voz. Su palabra tendría el poder de penetrar la condición más imposible del corazón humano y de cambiarla.
¿Qué es la sordera moderna? Me pregunto si el deseo de estar siempre bombardeado por ruido, música, la televisión, etc.¿no será una forma de huir de la voz de Dios y de la voz de nuestra conciencia? Muchas personas aborrecen el silencio. ¿Cuál miedo nos agobia que huimos de contemplar la palabra de Dios en silencio? Creo que un análisis de nuestra sociedad encontraría en muchas personas el deseo consiente de ser “sordas”. De allí la creación del bombardeo bullicioso de los medios masivos.
Pero creo que encontramos otra sordera entre los mismos cristianos, que debe ser “sanada” con urgencia. Urge un exorcismo del demonio de la sordera entre los que se llaman “hijos de Dios” y la prueba de ello es que “oyen” muchas palabras bíblicas , pero no son “hacedores” de la Palabra. Jesús dijo que sus discípulos son aquellos que oyen y siguen. Santiago nos insta a ser no sólo “oidores” sino hacedores de la palabra de Dios. La Biblia conoce muy bien la sordera espiritual que practicaban los fariseos. Los datos que yo tengo y los sondeos que he hecho, demuestran que no existe casi ninguna diferencia entre cristianos y no cristianos en las siguientes áreas: la mentira, el chisme, la fornicación entre adolescentes, el uso de la pornografía y el engaño al conyugue. Quiere decir que nuestras iglesias están llenas, pero llenas de sordos.
Pero el problema se agrava más, entre más lo examinamos. El problema de sordera espiritual no es problema que emana de las bancas, sino de los mismos púlpitos. En muchas religiones, sectas, denominaciones o como usted las llame, se han descubierto liderazgos mentirosos, divisionistas, fornicarios, orgullosos, ladrones y engañadores. Esta sordera espiritual ha contribuido en forma poderosa para castrar al pueblo de Dios de su fuerza hoy, a tal grado que hoy muchos se ríen de nuestro mensaje, como si fuéramos unos sordomudos intentando decir algo inteligente sin la capacidad de hacerlo. Somos irrelevantes, casi chistosos o bien patéticos engañando a nadie sino a nosotros mismos.
Ni los payasos toman en serio sus juegos sino que se ríen, pero esta clase de “cristinos”, perdón, cristianos parecen disfrutar este pasatiempo de “payaso religioso”, denunciando con toda seriedad en un lugar lo que salen a disfrutar corriendo al día siguiente. A raíz de esto muchas iglesias se han rendido y sus cultos colaboran para crear más sordera espiritual con una atmósfera más de discoteca que otra cosa y la ausencia casi en absoluto de alguna presentación seria de la Biblia. Ahora, con “la super gracia de Dios” ya no existe el dilema de tratar de cambiar nuestras vidas, sino podemos entregarnos a las pasiones de la carne asegurados que no contaminan el alma.
Sólo un exorcismo pudo librar al sordo atrapado por el poder de Satanás. Tal vez nuestra condición es peor de lo que nos imaginábamos. Los consejos amables con palmaditas en la espalda no lograrán ese exorcismo. Sólo una palabra autoritativa del Maestro lo puede hacer. Esa palabra tiene que oírse primero en nuestro corazón, arrancando la sordera de lo profundo de nuestra alma, quebrantando toda rebeldía. Sólo entonces podremos afirmar: “Los sordos también oyen”.

domingo, 28 de diciembre de 2008

2008 que se va y 2009 que nos enfrenta…”Pasemos al otro lado”



Los especialistas, destacan que a pesar de los esfuerzos de cada Gobierno de Estado por mejorar las condiciones de vida de sus habitantes, la crisis financiera mundial en el año 2009 impactará a cada nación."El 2009 será un año difícil para el Gobierno estatal y los municipios, por lo que tienen que ser estratégicos en la aplicación de los recursos públicos", consideran y proponen ahorrar dinero de cosas superfluas para aplicarlo en obras.Si una comuna por ejemplo, está acostumbrada a invertir en eventos de promoción, ya no podrá hacer ese gasto porque será dinero tirado a la basura, de ahí que deben readecuar su forma de usar el dinero.Al mismo tiempo, urge la necesidad de crear un grupo multidisciplinario de especialistas e investigadores para que diseñen una estrategia viable y posible para hacer frente a la debacle.Se trata de convocar a una gran estrategia estatal, jalar a los mejores cerebros y académicos y en un compromiso ciudadano y civil , sentarnos para buscar una estrategia de desarrollo que sea viable y posible. No soy un experto, pero creo firmemente que este equipo puede ser multipartidista, porque no debe importar el color o la afiliación partidista, o la religión que profese, sino atender y resolver las necesidades del pueblo.
Estamos terminando un año. Hay quienes prefieren celebrar este acontecimiento de una manera superficial y vana, con explosión de vaciedad y ruido para no pensar.
Yo me invito, y los invito a todos ustedes, a aprovechar esta oportunidad, de iniciar un año nuevo, de una manera mas sensata y madura: serenándonos y calmadamente entrar dentro de nosotros mismos para reflexionar, orar y compartir amistosa y familiarmente.
Vamos a tomar consciencia del tiempo y de su valor e importancia; para agradecer el tiempo vivido y esperar el que siempre viene cargado de dones y dificultades. El tiempo es el hilo que teje nuestra historia, es como un correo de gracias y bendiciones.
En una encíclica pude leer una declaración muy importante: “Un elemento distintivo del cristianismo es que los cristianos tienen un futuro. No es que conozcan los pormenores de lo que se espera, sino saber que su vida, en conjunto, no acaba en el vacío… La puerta oscura del tiempo, del futuro, ha sido abierta de par en par y se ha dado una vida nueva”. Entonces tu vida puede y debe cambiar, ya no tienes nada que temer. Ya no puedes mirar con angustia el mañana. La misma muerte se convierte en amiga. Cristo con su muerte y resurrección nos ha dado la llave para abrir el mañana y hacer de cada día una nueva oportunidad.
Nos da las llaves para abrir la esclavitud, la persecución, la incomprensión y cada lucha y esfuerzo se convierten en peldaños de liberación. El tiempo, para el que vive su fe y de la fe, es una oportunidad de crecimiento y de siembra. Todavía podemos ser más y hacer más y servir y amar más y más. No tengamos miedo al paso del tiempo. No tengamos miedo a envejecer. Cultivemos más bien, cada día, la esperanza de un día mejor.
Cristo es el día sin ocaso, el lucero que no se apaga, la llama que siempre arde. El puede iluminar todas las noches. El puede llenar de fuerza todos los vacíos. El puede dar sentido y consistencia a todos los instantes. Todas las cosas y todos los acontecimientos pueden tener gran valor si ponemos en ellos la marca del Espíritu de Cristo, el sello del amor. El amor vence la temporalidad.
Lamentablemente, también podemos acumular días vacíos, esos días que no cuentan. Son días vividos con ligereza y egoístamente. Lo que da peso y consistencia a los días es el amor. El día que no se haya amado, bórralo de tu calendario de vida; y si has amado solo un poquito, cuéntalo por la mitad: “No se trata de llenar la vida de años, sino de llenar los años de vida”.
Agradece: a aquellos que con su manera de ser, te ayudaron a ser más humano, más sencillo, más sensible a las cosas de Dios. A aquel que supo escucharte comprensivo. A aquellos con quienes compartiste tus ratos difíciles y de alegría. A aquel que te ayudó a descubrir tu riqueza interior. A aquel que con su gran bondad te hizo ser sencillo. A aquellos que descubriste un día y “se quedaron en ti”. A aquel que corrigiéndote con cariño te hizo caminar. A aquel que con su vida incansable te animó a luchar. A aquellos que sin desesperarse siempre esperaron lo mejor de ti. A aquel que te exigía siempre haciéndote crecer en grandeza. A aquel que te hizo sentir importante cuando necesitó de ti. Aquellos que estando lejos los sentiste cerca. A aquel que con su desacuerdo te hizo descubrir tu verdad. Aquellos que sabes te quieren y siempre confían en ti. A aquel que siempre te anima a ver lo positivo. A aquel que te quiere como eres, animándote a crecer. A aquellos que con su experiencia interior te ayudaron a conocer a Dios y te anunciaron la buena noticia de que: Dios es tu mejor amigo, y te ama.

No olvidemos de pedir perdón, por nuestras faltas de fe. Por nuestros miedos y desconfianzas. Por nuestras omisiones. Por nuestras prisas, ligerezas y rutinas. Por no dar el fruto esperado. Por hacer sufrir a otros. Por no correr en ayuda de los demás. Por nuestros menosprecios e intolerancias. Por no compartir con los hermanos. Por nuestro orgullo y por no saber confiar y esperar en Dios.
Entre las tantas historias que los Evangelios relatan de Jesús, hay una que me es personalmente muy significativa; se trata de cuando el Señor calma la tempestad. Ciertamente un día en la vida de Jesús, durante su permanencia acá en la tierra no debió haber sido muy reposado ni para Él, ni para sus discípulos, pero al finalizar un buen día de aquellos, el Maestro montándose en una barca dice: “ pasemos al otro lado ” Podemos usar nuestra imaginación para revivir en cierta manera la escena, hasta donde la Palabra nos lo permite, y de esa manera me imagino a los discípulos de Jesús cansados, anhelando sentarse a solas con su Maestro, disfrutando tal vez de un merecido buen pedazo de pan fresco y algo de pescado, mientras deleitan sus oídos con las enseñanzas de su Señor, y sin embargo en lugar de todo eso, el Señor dice “ pasemos al otro lado ”. Muchos de los que seguían a Jesús, seguramente se miraron entre ellos, pero a pesar de las condiciones, posiblemente no muy favorables para un viaje en barca, como lo eran el cansancio, la oscuridad, el viento que iniciaba a soplar amenazante, era el Señor quien había hablado.
Lo que ocurrió a continuación es bastante conocido, se desató una gran tormenta y la barca se anegaba, mientras que el autor de la aventura “dormía plácidamente” en la popa de la barca. Puedo imaginarme aún a los discípulos afanados luchando contra los vientos y tratando se sacar el agua de la barca, hasta que fueron donde el Señor estaba y le despertaron diciéndole: Señor, no tienes cuidado que perecemos? Posiblemente se hubiese podido leer entre líneas algo así como “¡Señor, fuiste tú el de la idea de pasar al otro lado y te quedas acá durmiendo, por lo menos álzate y ayúdanos a sacar agua de la barca, para que no muramos!”. El Maestro se levanta, calma los vientos y la tempestad y reprende a sus discípulos, por la su falta de fe.
El Señor muchas veces me ha dicho, “ Nelson, pasemos al otro lado ”, sé que con usted también lo ha hecho; “ hijo mío, es hora de cambiar, de ir a otro lugar, de subir otro nivel en tu vida de cristiano ” y puede ser que las condiciones no parezcan ser las mas favorables y puede ser que en medio del camino se desate una terrible tormenta y peor aún, puede ser que en medio de todo, el Señor se acueste a dormir en la popa de nuestra zozobrante barca. ¡Qué situación desesperante! Pero, cómo puede ser posible que se nos olvide ¿Quién es el que va con nosotros en la barca?, es el Dios Todopoderoso. Recuerda que si Él te dijo “pasemos al otro lado” no lo hizo en singular, no te dijo : “pasa al otro lado” dijo PASEMOS .
Él va conmigo en mi barca, Él va contigo en tu barca, la barca no se hundirá jamás. Aunque parezca que duerme, El Señor se está mojando con la misma agua que parece anegarnos sin remedio, y aunque las condiciones parezcan ser las más contrarias, la barca no se hundirá jamás. Porque Él va con nosotros en ella y no permitirá que eso suceda.
Por esto querido amigo lector, frente a los desafíos del año 2009, a pesar de lo difíciles que puedan ser, ten confianza en Jesucristo que te dice: “Pasemos al otro lado” y como un valiente responde:
Gracias, mi Señor…. no le temo ni a los vientos, ni a las olas, ni a la tormenta porque tú vas conmigo en esta barca y llegaremos juntos al otro lado, tal y como tú me lo has prometido.

“MUY FELIZ Y PRÓSPERO AÑO NUEVO 2009”

domingo, 7 de diciembre de 2008

“El que nace una vez morirá dos veces, pero el que nace dos veces…morirá una sola vez” -2ªparte


En la primera parte dejamos claro que este nuevo nacimiento es más que una reforma. Muchas personas hacen resoluciones de año Nuevo, con abrazo, champaña y risas; sólo para quebrantarlas de nuevo, pues no tienen capacidad para guardarlas. El hombre está siempre reformándose, pero la reforma, a lo sumo, es sólo transitoria. La naturaleza del hombre debe ser transformada.
Un grupo de estilistas en belleza y corte de pelo, en su convención anual, decidieron exhibir su arte. Hallaron un vagabundo en los barrios bajos, le cortaron el cabello, lo afeitaron y le dieron un baño; lo vistieron con un traje nuevo de la mejor confección. Habían demostrado a satisfacción el valor de la excelencia en corte de pelo y belleza personal, pero tres días después, el hombre estaba de nuevo en el lecho del río. Había sido transformado exteriormente en un hombre de aspecto respetable, pero los impulsos y urgencias de su ser íntimo no habían cambiado. Había sido empolvado, perfumado y hermoseado, pero no cambiado.
¿Sabía Usted que se puede cepillar a un cerdo, rociarlo con agua de colonia, ponerle un moño en el pescuezo y hasta llevarlo a la sala? Pero en cuanto lo suelten, saltará al primer charco que encuentre, porque su naturaleza no ha cambiado. Sigue siendo un cerdo como antes.
La Biblia enseña que mediante el nuevo nacimiento el hombre entra en un nuevo mundo. La vida adquiere una nueva dimensión. El cambio que se opera se expresa en la Biblia por medio de varios contrastes: lujuria v/s santidad, tinieblas v/s luz, muerte v/s resurrección, un extranjero en el reino de Dios v/s un ciudadano del mismo. Al hombre que ha experimentado el nuevo nacimiento se le llama miembro de la familia de Dios. La Biblia enseña que cambia su voluntad, cambian sus propósitos en la vida, cambia su disposición, cambia sus afectos y ahora tiene propósito y sentido para su vida. En el nuevo nacimiento ha nacido en su alma una vida nueva. Recibe una nueva naturaleza y un nuevo corazón y se convierte en una nueva criatura.
Nicodemo se extrañó ante estas declaraciones de Cristo y preguntó: “¿Puedo entrar otra vez en el vientre de mi madre y nacer?” Una pregunta natural que cualquiera de nosotros hubiera hecho. Sus creencias habían sido sacudidas. Estaba descubriendo que no era suficiente ser religioso. La ley de Moisés no podía salvarlo, porque realmente no estaba cumpliendo sus requisitos. Tenía que nacer de nuevo. Se le dijo que nadie puede entrar en el Reino de los cielos sin nacer de nuevo, sin tener vida eterna, pues allí no puede existir sino la “vida de Dios”. Será admitido el que tenga esa vida. La gran pregunta es: ¿Poseo la vida eterna? Si no, ¿Cómo puedo obtenerla? Esta es la pregunta más importante que un ser humano puede hacer o lograr que se le responda.
La Biblia habla de muchos hombres que fueron transformados por el encuentro con Jesucristo. Hay un endemoniado al cual las cadenas no podían sujetar contra la fuerza de sus ataques, pero cuando encontró a Jesús fue transformado y más tarde lo encontramos en su hogar, “vestido y en su sano juicio”. Ya no era presa de alucinaciones. Ya no estaba en las garras del poder satánico. Ya no tenía los temores que lo habían acosado constantemente. Ya no era una amenaza para la comunidad. Era un hombre transformado en su carácter, vestimenta y conducta; hasta su medio ambiente había cambiado (Lucas 8 ).
Está Zaqueo, que defraudaba a la gente como recaudador de impuestos. Cuando se encontró con Jesús, todo cambió. Procedió a hacer restitución. “La mitad de mis bienes doy a los pobres; y si en algo he defraudado a alguno, se lo devuelvo cuadruplicado” (Lucas 19:8 ).
La mayoría de estos encuentros con Cristo dieron por resultado una transformación instantánea. En Pentecostés fueron tres mil los que nacieron de nuevo ese mismo día. A la mañana estaban perdidos, confusos y eran pecadores. Antes de que el día terminara, habían nacido al Reino de Dios.(Hechos 2:41).
Un joven llamado Saulo iba camino de Damasco en persecución de los cristianos, cuando tuvo un encuentro con Cristo bajo el ardiente sol de Siria. No habría de ser jamás el mismo. Una y otra vez se refirió después a aquel encuentro. Podía mirar al pasado y hablar de él años más tarde, recordando el día y el instante mismo en que se encontró con Cristo (Hechos 9).
El carcelero de Filipos tuvo una experiencia similar. Estando presa del miedo, exclamó: “¿qué debo hacer para ser salvo?” Y el apóstol le dijo: “Cree en el señor Jesucristo y serás salvo”. Muchos psiquiatras modernos dirían que no estaba emocionalmente en condiciones de adoptar una decisión permanente. Pablo no lo vio de esa manera y bautizó al carcelero esa misma noche. Y éste entonces lavó sus heridas como señal de la nueva vida que había recibido de Dios (Hechos 16).
Toda persona que esté dispuesta a confiar en Jesucristo como su salvador personal, puede recibir ahora el nuevo nacimiento. No es algo que se haya de recibir en el momento de morir, o menos después de la muerte; se ha de recibir ahora. “He aquí ahora el tiempo aceptable; he aquí ahora el día de salvación” (2 Corintios 6:2) Dios ofrece vida eterna a todo el que quiera recibirla.
El hombre del siglo 21 hace la misma pregunta que siempre ha hecho el hombre. Es antigua, pero siempre nueva. Es tan pertinente hoy como en el pasado.
¿Qué es precisamente lo que uno tiene que hacer para reconciliarse con Dios? ¿Qué quiere decir la Biblia cuando emplea palabras tales como conversión, arrepentimiento y fe? Estas son todas palabras de salvación, pero muy poco entendidas.
Jesús lo hizo todo muy simple y nosotros lo hemos complicado. El hablaba a las gentes con sentencias breves y palabras de uso común, ilustrando sus mensajes con historias inolvidables. Presentaba el mensaje de Dios con tal sencillez que muchos no podían entender lo que decía. “Cree en el Señor Jesucristo y serás salvo” (Hechos 16:30-31) , esto es tan sencillo que millones tropiezan en ello. La sola y única decisión mediante la cual puedes convertirte es que decidas creer en el Señor Jesucristo como tu Señor y Salvador personal.
Muy importante: No tienes primero que enderezar tu vida. No tienes primero que enderezar las cosas en tu hogar. No tienes primero que enderezar las cosas en tu negocio. No tienes que tratar de abandonar primero algún hábito que te mantiene apartado de Dios. Todo eso lo has intentado y has fracasado muchas veces. Hay un hermoso himno titulado “Tal como soy”, y tú debes acudir a Cristo tal como eres. El ciego acudió como estaba. El leproso acudió como estaba. María Magdalena, con siete demonios, acudió como estaba. Tú puedes acudir a Cristo tal como eres.
Podría mencionar innumerables casos de hombres y mujeres que han tenido un encuentro con Jesucristo y se han convertido en nuevas criaturas. Toda su vida se ha transformado. Han entrado en una nueva dimensión de vida. Han nacido desde lo alto. Les ha sido impartida la naturaleza de Dios. Mientras antes estaban llenos de codicia, ambición y egoísmo, ahora tratan de glorificar a Dios ayudando a sus semejantes.
Sí, el hombre puede reconquistar el paraíso. Lo perdió en el jardín del Edén, pero puede volver a hallarlo por Jesucristo. Si hubiera suficientes hombres y mujeres en posición de esta vida nueva, ¡ Ella podría cambiar el mundo en que vivimos !
Esta es la única esperanza, el único remedio. No hay otro. El hombre debe experimentar una renovación interior completa.
“El que nace una vez morirá dos veces, pero el que nace dos veces…morirá una sola vez”

Nacer dos veces está claro: Una vez cuando celebras tu cumpleaños y otra vez cuando aceptas a Jesucristo como Señor y Salvador de tu vida.
Morir dos veces también: Una cuando expiramos, nos meten en un cajón y nos llevan con la punta de los zapatos apuntando al cielo y la otra es la muerte segunda que Dios nos previene en el libro de Apocalipsis 2:11, 20:6, 20:14, 21:8 (condenación eterna).
Recuerda siempre que Dios te ama, y no quiere que nadie se pierda, es por eso que te previene:
“El que nace una vez morirá dos veces, pero el que nace dos veces…morirá una sola vez”


sábado, 6 de diciembre de 2008

“El que nace una vez morirá dos veces, pero el que nace dos veces…morirá una sola vez”.(1ª parte)


Es indudable que si la humanidad ha de salvarse, habrá que hacer pronto algo radical. El hombre sin temor de Dios, está al borde del infierno.
Recién comienza la exigencia de la legalización de matrimonios “homos” (en Chile), cuando en Europa ya se levantan voces de legalización de matrimonios zoofílicos (ser humano y animal), matrimonios pedastras (padre e hija o madre e hijo), matrimonios incestuosos (entre hermanos), usando el mismo argumento: Libertad de libre elección, libertad de los derechos humanos, libre opción, no discriminación, etc.,etc.
Las fuerzas que están hallando concreción en nuestro mundo son tan abrumadoras, que por doquiera el hombre sincero está empezando a clamar desesperado: “¿Qué debo hacer para salvar mi alma?”
En nuestro mundo todo parece mejorar, menos el hombre. En su naturaleza moral esencial, que gobierna sus relaciones con sus semejantes, roba, asesina, miente, engaña y arrebata. Desde el comienzo del tiempo ha permanecido sin cambio. Las noticias periodísticas de cada día y la televisión, nos muestran asesinatos, raptos, brutalidades, estafas, robos y engaños aún de gente que un tiempo antes eran confiables. Esto demuestra que en algún lugar hemos fallado. Bien decía un viejo psicólogo: “Todos los viejos pecados primitivos no están muertos, sino agazapados en los rincones oscuros de nuestros corazones modernos…permanecen allí todavía, y tan horribles como siempre”. (Carl Jung).
El hombre se está viendo obligado a aceptar la realidad del pecado y la necesidad de un nuevo nacimiento. El común denominador de los ancianos, cuando te sientas a conversar con ellos, es que ellos mismos creían y estaban seguros que colaboraban para formar una generación perspicaz y vehemente, para enderezar este mundo desordenado…y capaz de hacerlo… “tanto lo deseábamos, tan tenazmente lo intentábamos, y miren lo que hemos hecho. Del desorden sacamos un desorden mayor. Lo que hace falta es una nueva especie de hombres”.
El nombrado filósofo danés Kierkegaard escribió un libro titulado “La enfermedad mortal”, en el cual escribe: “El hombre ha nacido y vive en pecado. No puede hacer nada por si mismo, sino perjudicarse”.
Estamos empezando a reconocer, tras largos siglos de fútiles esfuerzos religiosos, culturales, morales y educativos, la incapacidad del hombre para cambiar su corazón. El hombre ha trabajado sin resultado para lograr sus metas morales y transformarse por el mejoramiento de su ambiente. Ahora estamos desilusionados y sabemos que, de alguna manera, el cambio debe venir del interior.
Los intentos del hombre por ayudar a los seres humanos a transformarse son diversos, a través de ciencias de la conducta como antropología, la psicología y la sociología, a fin de descubrir las leyes del comportamiento humano. La dificultad de estos experimentos es que no tienen en cuenta el hecho del pecado humano. Según las nuevas ciencias, el pecado es en gran parte “imaginario”. El hombre es producto de su medio ambiente. Es el feliz o desgraciado resultado de una combinación de cromosomas. Según este sentimentalismo seudo científico, un delincuente juvenil es sólo un sub privilegiado y un ladrón es simplemente un inadaptado. En esta filosofía abandonamos la idea del pecado y la responsabilidad personal y culpamos a todo menos ofensor. Por lo tanto, no tenemos nada que remediar, sino el medio ambiente del hombre, su mala vivencia, los tugurios, la pobreza, la desocupación y la discriminación racial, mientras que al primer responsable, el individuo, no se toca para nada ni se transforma. El hombre mismo y su conducta, según esta nueva ciencia, son considerados como el resultado necesario e inevitable de la selección natural.
Luego, está el intento del hombre para transformarse mediante la química. Los hombres de ciencia están empeñados actualmente en el control de la conducta mediante agentes farmacológicos. Estamos al borde de un vasto desarrollo de drogas para el control de la conducta del hombre. Al principio eran empleadas solamente en las enfermedades mentales, luego en muchas más enfermedades, siempre apuntando la posibilidad de que los dictadores del mundo puedan usarlas para dominar a sectores enteros de la sociedad. Son las drogas “que modelan la mente del hombre”, porque “los científicos están descubriendo como manipular las emociones, los pensamientos y la conducta mediante nuevos inventos”. Estas drogas “cambian las mentes, alteran las sensaciones, las percepciones, los estados de ánimo, los deseos, las maneras de pensar y actuar”. Pero estas drogas, a lo sumo proporcionarán sólo cambios transitorios, ya sea para mejorar o para empeorar, según la naturaleza del que las administre, con probable daño permanente para el cerebro.
Ahora bien: La exigencia de Jesucristo es: “Os es necesario nacer otra vez” (Juan 3:7). El nunca habría lanzado semejante desafío si no fuera una posibilidad. Sí, el hombre puede ser transformado, radical y permanentemente, desde adentro hacia fuera. Existe la posibilidad de llegar a ser un hombre o mujer completamente nuevos.
Es interesante que Jesús le hiciera esta declaración a Nicodemo, un recto y devoto dirigente religioso, que debió escucharla con asombro. Si se lo hubiera dicho a Zaqueo, que por medio de engaños y robos se había encaramado en el primer puesto de su mundo comercial, o a la mujer del pozo, que había tenido varios maridos, o al ladrón crucificado, o a la mujer hallada en adulterio, habría sido más fácil entenderlo. Sabemos que esas personas necesitaban una transformación. Pero Jesús se lo dijo a uno de los grandes dirigentes religiosos de su tiempo. Nicodemo ayunaba dos días por semana, pasaba diariamente dos horas orando en el templo, daba el diezmo de todos sus ingresos, enseñaba teología en el seminario. La mayoría de las iglesias se habrían alegrado de contarlo entre sus miembros; pero Jesús le dijo: “Eso no basta. Tienes que nacer otra vez”. Esto implica a lo menos dos cosas: Que todos necesitamos un nuevo nacimiento y también, que todos pueden lograrlo.
¿Qué queremos decir con eso de que uno debe nacer de nuevo, o nacer otra vez?
Para empezar, significa algo tremendamente radical. Lo que somos por naturaleza lo somos debido a lo que éramos al nacer. Al nacer, nuestro sexo está establecido, la misma armazón de nuestro cuerpo está ya determinada. No hay duda de que nuestro temperamento, nuestras capacidades, nuestros hábitos, nuestras inclinaciones, nos son dados todos al nacer, al menos fundamentalmente; de hecho, nuestra misma apariencia. Nacer de nuevo implica al menos un comienzo absolutamente nuevo, no una reforma de la vida, no el volver una nueva hoja, no la adición de algún atributo o aspecto o capacidad, sino algo tan radical que por ello vamos a ser algo totalmente diferente de lo que hemos sido. Desde luego, cualquiera sabe que no podemos nacer la segunda vez físicamente. Por lo tanto aquí se hace referencia a un nacimiento espiritual, un renacimiento no del cuerpo, sino del alma, la mente y el carácter. Además, debemos notar…que este milagro es absoluta y universalmente necesario, si uno ha de ser miembro del reino de Dios. Nadie está exceptuado y nadie puede reemplazar esta tremenda realidad por alguna otra cosa.
Para su vergüenza, y en detrimento de la sociedad, la Iglesia moderna en general, ha abandonado en gran parte este mensaje del nuevo nacimiento. Predica el cambio social, el desarme mundial, el mejoramiento de la legislación, la “prosperidad social y económica”, las “guerras y luchas espirituales”, las “conquistas y toma de posesión de territorios”, etc.; pero no insiste en lo único que puede resolver los problemas de nuestro mundo: La transformación de los hombres. El problema fundamental del hombre es espiritual, no social. El hombre necesita un cambio interior completo.
La Biblia se refiere muchas veces a este nuevo nacimiento que hablaba Jesús. El profeta Ezequiel dijo: “Os daré corazón nuevo y pondré espíritu nuevo dentro de vosotros”(Ezequiel 36:26). En el libro de los Hechos, Pedro lo llama arrepentimiento y conversión. Pablo habla de él en Romanos diciendo “como vivos de entre los muertos” (Romanos 6:13) y en Colosenses lo llama “despojarse del viejo hombre con sus hechos y revestirse del nuevo el cual conforme a la imagen del que lo creó, se va renovando hasta el conocimiento pleno” (Colosenses 3:9, 10). Tito, lo llama “el lavamiento de la regeneración” y también “la renovación en el Espíritu Santo” (Tito 3:5). Pedro decía que era llegar a ser “partícipes de la naturaleza divina” (2 Pedro 1:4). Para Juan era haber “pasado de muerte a vida” (Juan 5:24).
Así, pues, la Biblia enseña que el hombre puede experimentar un cambio radical, moral y espiritual y ello por obra de Dios mismo. La Biblia enseña que el hombre sin Cristo, está muerto en delitos y pecados y su gran necesidad es la vida. Pero no tiene dentro de sí la semilla de la nueva vida; ésta debe venir de Dios mismo.
Para terminar, déjame ilustrarlo más fácil: Un día una oruga trepa a un árbol, donde la naturaleza la reviste de un vestido de fibras. Allí duerme y pocas semanas después emerge una hermosa mariposa. Así mismo el hombre, angustiado, desalentado, infeliz, acosado por la conciencia, arrastrado por la pasión, dominado por el egoísmo, beligerante, pendenciero, confuso, deprimido, miserable, adicto al alcohol y a los barbitúricos, que busca como escapar…Puede acudir a Cristo por fe y emerger como un hombre nuevo. Parece mentira, y hasta parece imposible y sin embargo, es precisamente lo que Jesús enseña en la Biblia.
Recuérdalo, hay que nacer dos veces para morir una sola vez. ¿Y qué es eso de morir dos veces?...veámoslo en la segunda parte de esta nota. Dios te bendiga.